16:30, Manel y yo habíamos quedado para hablar de todo lo que nos estaba pasando, no llegamos a ningún acuerdo, no podíamos, estábamos demasiado molestos, no fuimos capaces de decirnos algo coherente el uno al otro, los dos somos muy cabezotas, pero yo no soy la que tiene que pedir perdón, es el, que no entiende lo que es que una chica llore.
Hablé con Carlota del tema, me dijo que pasara, que ya se nos pasaría a los dos, me fui a casa, empezaba a oscurecer, eran las ocho y las calles no eran normales, estaban diferentes, eché a andar, me quedaba un largo camino.
Era una tarde siniestra, caía la noche y yo iba por una callejón muy oscuro hacia mi casa, pasados unos minutos oscureció. Estaba sola por la calle, se podía oír el viento rozando con los pequeños pinchos de los desperfectos de las oscuras calles en Chilches, callejones de mi pueblo, oscuros, sin farolas, con escasos coches. Llevo doce años viviendo allí, nunca ha pasado nada.
De repente de entre las sombras vi algo, algo que me espeluznaba, nunca había visto nada igual. Me llamaba, pronunciaba mi nombre lentamente y con una voz clara y a la vez espesa, muy espesa. Había telarañas entre las rejas de las abandonadas casas, en una de ellas, había una piel de serpiente, acompañada de una cabeza de jabalí que se podía divisar en el salón desde la calle. La cosa iba encapuchada, con una larga túnica que arrastraba unos diez centímetros, era oscuro, no se le veía la cara, ni las manos, ni los pies, sentía terror, no me salía la voz, lentamente se me acercaba, tanto que casi no se notaba, cada vez decía mi nombre una octava mas alto, y más alto, y se acercaba, yo empecé a caminar hacia atrás, cada vez con más ligereza. Estaban todas las farolas apagadas una hacía flashes al principio de la calle, estos causaban una sensación terrorífica, ya que hacían que cada segundo eso se acercara un milímetro más a mi. No era una voz conocida, para nada, era ronca y cuanto más gritaba me costaba más entender que pronunciaba ''Helena'', lo hacía muy cuidadosamente. No sé de que me podía conocer, pero yo no le reconocía, yo corría, y corría, y él andaba detrás de mi, sin parar de gritar mi nombre, yo tenía mucho miedo, sudaba, buscaba mi móvil para llamar a alguien. De repente miré para atrás, y detrás de él había una fila de clones suyos, eran todo iguales, andaban a la vez, hablaban a la vez, parecía una sola voz, eran como treinta. De repente las farolas empezaron a parpadear a la vez, era todo muy siniestro, yo no paraba de correr, llegué a una cuesta arriba de 800 metros, lo vi todo imposible, me vi muerta. Lo primero que pensé fue: Manel. Sé que estamos peleados, pero también sé que en el fondo le importo, algo. Yo estaba aterrorizada, no podía más, intenté pedir ayuda, pequeñas lagrimas caían de mis ojos, no me salía la voz, empecé a subir la cuesta muy rápidamente.
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